Los consumidores reinamos. Somos a quienes las organizaciones deben aprender a escuchar. Si no lo hacen corren el riesgo de no sobrevivir. EL IMPERIO DEL MERCADO es un espacio destinado a recapitular y analizar qué pasa con los consumidores, cómo evolucionan los mercados y qué hacen las empresas para lograr adaptarse a ellos. Disfrútalo. Es tu voz, la nuestra, la que encontrarás aquí.
¿Yo? Comunicólogo, administrador y mercadólogo. También académico, promotor cultural y escritor. En mis ratos libres (los que quedan) juego Angry Birds y Plants vs Zombies.
Según especialistas de la Agencia de Investigación sobre el Cáncer (filial de la Organización Mundial de la Salud) los teléfonos móviles son posibles agentes cancerígenos, como lo pueden ser ciertos pesticidas, el café o hasta el alcohol.
Enlistar a los teléfonos celulares en esta categoría de “cancerígenos” no implica que su uso provoque directamente cáncer, sino que son un factor de incidencia, pues en realidad eso depende de otros factores, como la disposición hereditaria, el tiempo de exposición y otros agentes aún no resueltos.
Por supuesto tal estudio ha desencadenado una serie de respuestas en contra que incitan a decir que “hoy en día todo es cancerígeno”. ¿Esto impactará en el uso de los equipos? ¿en su consumo?
El uso de la telefonía móvil ha incrementado en la última década, modificando hábitos de conducta y comunicación. De ahí la preocupación de saber si provocan un impacto real en la salud, aunque hasta la fecha no hay estudios contundentes que determinen una incidencia directa sobre ciertas formas de cáncer y el uso de teléfonos celulares. Lo cierto es que es el momento en que pocos consumidores dejarían de utilizar sus aparatos sólo por una “alarma” de este tipo.
Dos preguntas surgen al final de esta polémica:
1. ¿Se verá afectado el consumo de teléfonos celulares ante esta noticia?
2. ¿Qué harán las compañías fabricantes?
Seguramente veremos en un futuro inmediato las respuestas a ambos planteamientos.
Las tendencias de moda suelen parecer cambiantes y caprichosas, así estén determinadas con mucha antelación. Caso específico, la de los colores.
Desde el año pasado PANTONE, la marca líder en creación y registro de color, anunció que para el periodo 2011-2012 el color dominante en moda, la industria textil y decoración sería el PANTONE® 18-2120 Honeysuckle. Aunque si bien esto no nos causa mucha sorpresa es interesante observar como la tendencia se ha confirmado, regalándonos un año de tonos suaves y cálidos.
La otra tendencia más importante en este giro de consumo es aquella que entrelaza a la fabricación de ropa y accesorios con las tecnologías actuales, llamada “textiles inteligentes”. Estamos hablando de materiales que incluyen aplicaciones tecnológicas como sensores electrónicos, gadgets de identificación, módulos de navegación e incluso telas o plásticos con propiedades conductivas que les permitan generar y almacenar energía. Las ideas son ilimitadas: desde recargar tu teléfono celular a través de la energía generada de una caminata, hasta ropa que señala fácilmente donde andas a toda hora, por mencionar algunos, entre muchas otras aplicaciones de carácter médico y de seguridad. Y ¿qué te gustaría que hiciera tu ropa por ti?
Algunas tiendas Wal-Mart se alistan para lo que será una de las revoluciones más importantes en sistemas de almacenamiento y distribución. Me refiero al empleo masivo de etiquetas electrónicas identificadoras (electronic ID tags).
Si bien la idea no es totalmente novedosa si lo es la aplicación en grandes cantidades que incluye el uso de etiquetas más potentes que permitirán el rastreado de cualquier producto dentro los puntos de ventas. De esta manera inventariar todo un departamento o área comercial será una operación rápida que no requerirá más que algunos minutos de actividad. La otra aplicación conveniente es el cobro a los consumidores, pues con una breve escaneada sobre el carrito de compra se podrá saber todo el contenido del mismo, así como el monto total al pagar, evitándose el conocidísimo registro de producto por producto de los sistemas de escaneo actuales.
Sin embargo, ante toda tecnología reciente, siempre aparecen usos que lejos de ser provechosos, pueden resultar perjudiciales para los consumidores. En el caso de este tipo de etiquetas la problemática proviene del tiempo de vida de la misma. Dichas etiquetas están diseñadas para seguir emitiendo señal aún después de ser removidas del producto, lo cual puede llevar a serias violaciones de la privacidad, pues aún en la basura se sabe que compró o no compró un sujeto determinado (trash panel). Incluso se sospecha que algunas compañías podrían ya estar empleando dicho método inserto de manera clandestina en sus productos para poder estudiar de manera más efectiva a los compradores. De alguna manera estaría hablando de un estilo de investigación de mercado poco ético, más cercano al espionaje que a la investigación seria.
Por tanto, al menos en Estados Unidos, se ha levantado una ola de críticas que busca incidir en una regulación que controle el empleo de estos dispositivos sin afectar los beneficios de estas tecnologías, pero de igual forma, sin alterar el derecho a la privacidad de los individuos. Y en México ¿qué pasará cuando Wal-Mart u otros comiencen a utilizar tales artilugios? ¿Alguien nos defenderá?
Hace un par de semanas surgió la noticia de que el gobierno de la India presentaba una versión más económica del famoso iPad de Apple, que pasaba de los $800 dólares aproximados que cuesta está última, a sólo $35, sumándose a una larga lista de productos que han sufrido un proceso similar: automóviles, laptops, equipo y servicio médico.
Por supuesto las reacciones no se han hecho esperar y muchos de los comentarios apuntan a señalar a las instituciones, gobierno y desarrolladores hindúes de sólo plagiar las ideas que con tanto esfuerzo los estadounidenses generan. Otros críticos apuntan que se trata de meras adaptaciones surgidas para mercados de nivel socioeconómico diferente al común americano. El norteamericano promedio señala en general que preferiría comprar la versión de su país a las de otros. ¿Dónde reside el problema?
Habría que empezar por señalar la falta de empatía por los mercados emergentes. Porque sí bien ya son muchos los años que han transcurrido desde que se emitieron los principios acerca del derecho de las personas a consumir (tengan pocos o muchos recursos) contenidos en el paradigma de la Base de la Pirámide (BOP), es cierto que tal capacidad de comprensión aún no permea en muchas organizaciones ni en los habitantes de muchos países que aún ven lo nacional como sagrado, cuando en realidad lo “propio” está concebido por ideas de equipos multiculturales, fabricado por manos globales y comercializado en todo el orbe. Claro queda también que no sólo se trata de generar versiones económicas de productos “caros” sino buscar su mejora y eventual evolución en soluciones diferentes y alternativas. La respuesta a sí en estos casos se trata de plagio o adaptación aún es difícil de responder, pues aún no ha pasado el tiempo suficiente para ver si estas ideas tendrán impacto social o no. Ustedes ¿qué opinan?
En la última década Dell ha sido símbolo del modelo de negocios más eficiente, productivo, rentable, innovador y revolucionario de cuantos hemos visto discurrir. Citado como ejemplo típico de la competitividad y la inventiva entre mercadólogos y estrategas, incluso en el aula, recientemente se destapa lo que podría ser el principio del fin para esta organización.
Al menos así lo detalla Yahoo en su sección financiera el día de hoy, donde explica los altibajos que ha sufrido la empresa en estos últimos años, entre otros porque la estrategia de reducción de costos que tanto presumía Dell (atribuida a su acortamiento de la cadena distribución-consumidor) ha mermado la calidad de sus productos, además del servicio recibido. Sin ir más lejos, el artículo comenta las medidas que la compañia ha tomado, contraproducentes en la mayoría de los casos, mencionando como ejemplo el haber resuelto garantías de sus partes con refacciones igualmente desperfectas. Tales acciones han afectado no sólo la imagen de Dell, sino además los resultados en ventas y por último su valor en los mercados financieros, poniendo en riesgo su presencia en el mercado.
Queda claro que no es suficiente desarrollar modelos de negocios eficientes que disminuyan costos, tampoco debe descuidarse la base de la organización que son los consumidores y la promesa de venta.
Irónicamente, Dell seguirá siendo ejemplo a mostrarse en las clases de marketing, pero no sólo como la organización que desafió el paradigma de la distribución, sino también como la empresa que lo desafió, pero falló.
El pasado 20 de mayo Google anunció la creación del software Google TV, que se supone vendrá a revolucionar la manera en que actualmente miramos televisión.
¿Cansado de buscar en el mar de canales que presentan los sistemas de televisón de paga actual? Ya no más. Google TV fusionará lo mejor del viejo medio de comunicación con la interfaz habitual en internet. Esto es, podrás buscar en tu pantalla de televisión los programas que quieras ver, a la hora que desees verlos. Mejor aún, tu pantalla servirá como monitor de computadora, buscador de texto e imágenes y una amplia variedad de aplicaciones actuales o futuras. ¿Es esto la revolución que esperamos para la televisión? Quizás nuevos modos de operación suenan interesante, pero tanto como parteaguas, aún está por verse, sobre todo considerando los recientes problemas en cuanto a derechos de autor ha tenido Google en los últimos años.
Los alcances tecnológicos no dejan de ser sorprendentes. En un artículo reciente El Universal nos expone un nuevo material de Sony apto para cualquier tipo de aplicaciones. Sólo se requiere un poco de imaginación para suponer los usos que tendremos en los próximos años, sobre todo en las actividades promocionales y publicitarias: Lonas, bardas, camiones, empaques, ropa, muebles y un sinfín de etcéteras.