La línea divisora entre lo funcional y lo estético suele ser clara y definitiva. No así cuando se habla de las diferencias entre lo publicitario (más bien funcional) y lo artístico (prioritariamente estético). Aquí las barreras se difuminan con facilidad.
Un ejemplo de ello son las siguientes instalaciones que podrían presumirse de “artísticas”, pero con una finalidad netamente comercial, de posicionamiento de marca y de creación de imagen. Dado que cada vez más empresas invierten en estas formas promocionales habría que preguntarse cómo se estructuran dichos nuevos medios, cómo se gestionan y cómo debe evaluarse su efectividad e impacto, pues los resultados de una inversión que no son mesurables, son difíciles de reconocer.
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martes, mayo 31, 2011
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